Cantando bajo la ducha

  

Obertura

Usted, que ama la música y no se siente correspondido. Usted, que carece de conocimientos musicales. Usted, que se siente despreciado por las musas y ha abandonado la sana costumbre del baño cotidiano porque no se atreve a cantar ni siquiera bajo la ducha. Usted, que cuando une su voz a la masa fervorosa para cantar el himno nacional es reprendido por una multitud hostil que le grita «¡traidor a la patria!» Usted, que cree que la música es un arte complejo al cual sólo acceden unos pocos afortunados. Sí, usted: ¡no se haga el tonto! Usted, amigo lector, ¡también puede triunfar en el mundo de la música!
Le sorprende, ¿verdad? Pues no se sorprenda mucho, porque este libro que tiene en su poder va a dar respuesta a sus inquietudes musicales. Nosotros le en- señaremos a conocer y dominar en unas pocas lecciones los secretos más íntimos de la música: cómo componer canciones, cómo tocar instrumentos, cómo escribir letras hasta conseguir que las letras formen palabras y las palabras poemas musicalizables-es decir, letras-, cómo leer una partitura de corrido, y no sólo de corrido sino de otros ritmos más difíciles, como el tango, el rock, la sinfonía...
El éxito de nuestro método está comprobado. El paraguayo Jacques Durand, joven enclenque y acomplejado por haber perdido una mano en una batalla de acuario con una piraña, no se animaba a declarar su amor a una hermosa vecina. Después de participar en nuestros cursos, decidió darle una serenata. El éxito fue tan fulminante que ella le pidió de inmediato la mano. La otra.
Este libro también puede ayudarle a usted. Sólo es necesario que usted crea. Y para creer, en nuestra modesta opinión, hay que tener convicción. Y para tener convicción hay que estar convencido. Y para estar convencido ¡sólo hace falta creer!
Así, pues, revístase de la convicción de que usted aprenderá música y, blindado en ella, repita emocionado: «Sí, yo puedo, yo creo que puedo, yo creo que ¿pue- do?» Piense que el público le aplaudirá, que la fama le será propicia y que ganará mucho dinero. Repítalo. Una vez más. Ya está bien.
Y ahora abandone esos delirios de grandeza y conéctese nuevamente con la realidad. Esta le indica que usted es un aprendiz, un pobre infeliz, un donnadie que está a punto de entrar, gracias a las siguientes páginas, en una nueva vida.

 

Arqueología musical

Varias figuras representativas de la música, diferentes a Beethoven, Los Beatles o Lola Flores, empezaron a ser descubiertas gracias a la arqueología. Nos referimos a figuras como la corchea, la negra, la fusa, la redonda o la blanca .
En 1942, cuando excavaba en un sitio cercano a Luxor, el arqueólogo inglés Richard Wrong-Wright halló una antiquísima corchea, que en ese entonces valía la mitad de una redonda (su valor actual es el de la octava parte; pero si le ofrecen una por la décima parte, cómprela). La corchea de Wrong-Wright se encontraba en aceptable estado y, sacudiéndola un poco, todavía sonaba. Pruebas realizadas con carbono 14 determinaron que era la más antigua hasta entonces conocida.
En 1986, en una playa de Cartagena de Indias, el investigador colombiano Jorge Tafur halló, semicubierta por la arena, una negra. No le pudieron hacer las pruebas con carbono 14 porque la negra se negó a que se conociera su edad. También se negó a ser sacudida. En ese momento.

Cantemos unidos. 1

El coro o canto grupal es una forma maravillosa de hacer música, pues permite desafinar, desentonar o incluso no cantar, y nadie se entera. Además, cantar en coro es muy bueno para conocer gente. Hay muchos cantantes que se han casado con alguien que cantaba en el mismo coro. En los países árabes hay cantantes que se han casado con el coro.
El coro más grande de que se tenga noticia es el Gran Coro del Tabernáculo Mormón, de Salt Lake City, integrado por más de 1.700 cantantes. Comenzó siendo El Dúo del Tabernáculo Mormón. Muy tradicionalista y conservador, el coro sigue realizando sus ensayos en el minúsculo apartamento de su primer director.


Ejercicios para cantar en coro
Colóquese de pie en las escalinatas, de manera que pueda mirar hacia adelante y divisar con claridad al público y, sobre todo, que sus invitados lo vean. Cerciórese de cuáles de sus invitados están en la sala. No salude a sus parientes.
Esa cosa que está ahí adelante y mueve los brazos es el director. Tampoco lo salude. Abra la boca. Bien grande. No emita sonido: es suficiente que el público crea que usted canta. En los pasajes vigorosos, frunza también el ceño, como lo hacen su director o su vecino. Cuando note que los demás callan, cierre la boca.
Si se le cansan las mandíbulas por mantener la boca abierta mucho tiempo, deles un descanso. Para ello, hágase el que mira la partitura en espera de
una nueva entrada. Mueva un poco la cabeza, como cuando lee. Aproveche este momento para observar de reojo a la soprano que canta a pocos metros de usted. O a ese barítono rubio y fornido, de ojos soñadores. Eso ya es asunto suyo.
Sonría al terminar, como si hubiera cantado.
Y no se preocupe: las estadísticas revelan que, incluso en los mejores coros, sólo canta el 67 por ciento de la masa coral. Si lo hicieran todos, sería
un barullo aún más desagradable.

Curiosas propiedades de la música

La música no sólo sirve para disfrutar de la música. También para otras cosas. Los psicólogos destacan su valor terapéutico. Está demostrado, por ejemplo, que la música amansa a los animales. San Francisco de Asís atraía a las fieras salvajes y cantaba a coro con ellas simpáticas melodías medievales. Se sabe que gorjeaba en canon (véase canon en un buen diccionario de música) con el jilguero y la jilguera. También aullaba a dos voces con el lobo salvaje.

La música también influye sobre las plantas. Se han hecho experimentos para determinar cuánto puede estimularse el crecimiento de los vegetales mediante la propagación de la música grabada, y comparar sus desarrollos con los de otros sometidos a un régimen de silencio. Los resultados han sido sorprendentes: ¡las plantas estimuladas con música crecen muchísimo menos que las otras!

Felipe González, famoso billarista y presidente español, solía interpretar en su jardín de bonsáis el Scherzo n ° 1 en si menor Op. 20 de Chopin en castañuelas, con acompañamiento al piano del señor vicepresidente. Fue notable cómo aumentó de tamaño el señor vicepresidente.

Mucho más sensibles de lo que parecen cuando se las ve en la maceta, las plantas han mostrado preferencias por ciertas obras musicales que les llegan hondamente: Cascanueces (en especial el Vals de las flores), La niña de los cabellos de lino, Las hojas muertas, El manisero, Moliendo café, Juanita Banana, Amapola, Clavelitos y, en función lírica doble, El caballero de la rosa del azafrán.

Por su parte, los animales se han inclinado por: El murciélago, Cavalleria rusticana, El carnaval de los animales, Pedro y el lobo, Madame Butterfly, La verbena de la paloma, El vuelo del moscardón, El lago de los cisnes, Cucurrucucú paloma, El cóndor pasa, El unicornio azul, Tengo una vaca lechera, Porky & Bess, El loro del Rhin y, en interesante popurrí, El pájaro chogüí de fuego.

Amb permís de Daniel Samper

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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